lunes, 5 de enero de 2009

Jo, ¡que noche! (1)

-Esa droga no es mía - dijo mientras el policía le enseñaba un bote de Lacasitos que esté había recogido del suelo.
-¿y tu como sabes que es droga?- respondió el agente.

Esperad un momento. Creo que he empezado la historia demasiado avanzada. Rebobinemos unas horas.

Una noche de reyes de hace tres años comenzó como cualquier otra noche de esos años. Unas copas en la Taberna, partidita de cartas y quemadas varias. Cuando, después de pasar cinco horas sentados y mirándonos las caras decidimos ir a otro bar, ya con más música comenzó la noche del "Kronen".

Cuando estás en un bar muchas horas, tienes la mala costumbre de beber. Y si lo que bebes tiene alcohol, pues sueles acabar en un estado no "normal", y en ese estado fuimos a la Martinica. Un bar, como todos los bares de marcha, con sus porteros, su música, su poca luz, sus copas y por las fechas, Roscón de Reyes, relleno de nata. Y claro, cuando juntas alcohol, gente con moco criterio y nata ¿que pasa? pues que se dedican a tirarse nata de uno a otro.

De forma muy educada, el portero nos invito a parar con la tontería o a abandonar el local, y como somos gente muy educada, le obedecimos. Pero la música estaba alta, el grupo era grande y no todos fueron capaces de oír todo el mensaje. Así que mientras unos nos portábamos bien, otro decidió seguir manchando a la gente con nata.

El portero se puso un poco nervioso, y se acerco al pintor natero. Por si no lo sabéis, y por alguna extraña costumbre, mucha gente se viste de negro cuando va de marcha. Y mis amigos iban todos con camisas o camisetas negras. Así que el natero coge el roscón y se lo estampaba en el pecho de uno de mis amigos. Bueno... eso pensaba él.... porque el portero también iba de negro... y no contento con estampar el roscón, decide restregárselo por todo el pecho.

El portero tenía una crisis de identidad. Cuando uno es grande, tiene cara de mala leche, y unos brazos como mis piernas, no está acostumbrado a que la gente tontee con él. Durante un segundo, que pareció una eternidad miro al pintor. El pintor le miro a él. Todos mirábamos la situación mientras el portero procesaba lo que estaba pasando. Y cuando lo procesó cogió a mi amigo del cuello y lo arrastro hasta la salida. Un par de amigos míos salieron disparados tras ellos, sujetando al portero y explicando que había sido un accidente, que estaba borracho, que nos íbamos del bar, que perdón... todo para salvar la vida, o al menos la cara del pobre chaval. Y nadie sabe muy bien como, pero lo consiguieron. Al final el gorila de la puerta, razonó con nosotros que estaba de acuerdo que había sido un accidente, pero, por mantener las apariencias era mejor que nos fuésemos del bar.

Esa historia ya daba para un millón o más de risas.... pero la noche sólo había comenzado...

4 comentarios:

Unai dijo...

La historia terminará mañana... ya sabeis que si queda muy larga mejor partirla en dos...

Último Íbero dijo...

Ah, ¿pero es verdad?

Unai dijo...

Sip...todo verdad

P. dijo...

todo cierto.... doy fe.