Pero claro, es más fácil ver la paja en el ojo ajeno.
Decir que no a algo es incomodo. A nadie le gusta decir que no. Cuando dices que no, aunque sepas que la respuesta correcta es no, estás haciendo un autentico esfuerzo. Te sientes extrañamente incomodo. El diálogo puede ser el siguiente:
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- No, no lo voy a hacer porque no sé como se desactivan bombas.
- Vale, lo entiendo.
- Ya, pero perdóname por decirte que no. Yo querría, pero es que...
- No te preocupes, si es que tienes razón
- Si, pero...
Y como la conversación continúe un poco más ahí te ves, con un alicate decidiendo si hay que cortar el cable rojo o el cable azul.
Cuando decimos que no, nos parece que estamos destrozando las expectativas de la persona que esta enfrente nuestra. Y desde pequeñito nos han enseñado a portarnos bien, y no hacer sufrir a los demás. Así que de una forma totalmente inconsciente, al decir no, y creer que decepcionamos al de enfrente, nos colocamos en una posición vulnerable. Y como eso no nos gusta (o en concreto no me gusta) pues no decimos que no. Simplemente decimos que lo intentaremos. Y a veces acabamos aceptando cosas que no deberíamos haber aceptado por el mero hecho de no decir que no.
La verdad, no es tan difícil. Procurare decir que no más veces.
5 comentarios:
Te dejo aquí uno de mis "NO" para que lo uses cuando quieras.
NO.
A mi no me cuesta nada decir NO, es más me cuesta decir sí
por favor NO NO NO. No es una buena idea.
Unai, tu Twuiter me tiene preocupado. A lo largo del día de hoy, si puedo, te llamo.
Creo que deberías pasarte por Madrid y echamos una timba "que todo lo puede". :)
Un abrazo.
Fuerzas de flaqueza para ir a nadar
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