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martes, 9 de diciembre de 2008

Viajes (VIII): el vodka, ese gran desconocido

La última vez que hablamos de este tema nuestros expedicionarios habían vuelto al hotel. Algunos para dormir la siesta, otros unas cuantas horas después. Alberto había recibido un mensaje en el móvil y habían quedado con Sasha.

Sasha, aunque suene a nombre de chica, es el diminutivo de Alexander, y era un ruso enorme, compañero de clase de Alberto y nativo de San Petesburgo. Después del derrumbe de la Unión Soviética, acabó estudiando en España. Ahí conoció a Alberto, y a través de él a todos nosotros. Alberto y él fueron grandes amigos, y nosotros unos excelentes compañeros de juerga. Pasó el tiempo y Sasha volvió a Rusia. Cuando lo vimos, era un hombre casado y con importantes responsabilidades laborales.

Mientras planeamos el viaje a Rusia, sabíamos que Sasha estaba trabajando en Moscú. Y la idea era quedar con él cuando llegásemos ahí. Pero el azar, la suerte y un poco de buena voluntad, hizo que tanto él como su mujer estuviesen de vacaciones esos mismos días, con lo que aprovecharon para ver a la familia, y ya que estaban, quedar con nosotros.

Paso a recogernos por el hotel, y con él fuimos a un restaurante que le habían recomendado. Al no haber reservado mesa, nos tuvimos que sentar separados, pero como era el anfitrión ideal, y sabía que no teníamos ni idea de nada, eligió el menú sin consultar demasiado. Nos trajeron los entrantes, junto a un bote lleno de pepinillos, una jarra de zumo de naranja y una jarra de "agua".

Los rusos saben que en su país hace frío, y que el agua se congela, lo que no es muy bueno para el cuerpo humano. Por esta razón, decidieron hace tiempo, que el agua para los peces, y lo que nosotros pensábamos que era agua, era realmente vodka.

En España estamos acostumbrados a tomar el vodka con limón o con naranja, en copa, y con hielos. Pero eso es una mariconada para un ruso de buena cepa. El método local es el siguiente. Tomas primero lingotazo, luego pepinillo (para matar la primera arcada) y al final zumo de naranja. Si, como el tequila, el limón y la sal, pero sin mariachis.

Plato a plato, copa a copa, brindis a brindis, cuatro botellas fueron consumidas por los nueve comensales, pero en lugar de considerar que la noche ya había llegado al su límite etílico, nos montamos en unos chungo-taxis y llegamos al Plaza.

El Plaza era un club de moda en San Pete, pero al ser martes no estaba muy concurrido. Gracias a las habilidades negociadoras del guía local, acabamos en una mesa con sofás. Muy mono todo, pero en plan mafioso ruso de las películas.

En ese momento los recuerdos se confunden, sé que alguien decidió tomar vodka con naranja, mezclando el zumo con vodka directamente, pero no tuvo el detalle de avisar a nadie, con lo que si seguías el "ritual", acabas con dosis doble. A partir de ahí... litros de zumo de naranja, bailoteos varios, muchachas atraídas por la opulencia mostrada, kilos de pepinillos, amigos inconscientes y botellas de vodka...muchas botellas de vodka.

Finalmente, llego el momento que cerraba el bar. Y la hora de pagar. Para ese momento, yo, que había dejado de beber un rato antes, debía ser el miembro del grupo con más consciencia (lo que no quiere decir mucho), y se dirigieron a mí para acompañarme a un cajero y pagar la destilería que habíamos consumido.

Teniendo en cuenta que Sasha había sido vencido, que Alberto yacía inconsciente, y que el resto de la expedición no iba muy católica, tendría que habernos indicado que la noche había llegado a su fin.

Pero nadie contaba con que Torres sufría el efecto barco. Dicho efecto ocurre después de viajar en barco durante un tiempo. Como te acostumbras al bamboleo del suelo, cuando tomas tierra, por extraño que parezca, parece que la tierra se esta moviendo, con lo que te mareas.

El efecto barco dura unos minutos en los seres humanos normales, pero como ya he dicho, Torres, que ya llevaba dos días en tierra lo tenía encima. Si a esto le añadimos las ingentes cantidades de vodka consumidas... pues el efecto no es el mejor del mundo.

Sin entrar en demasiados detalles, fue un final de noche digno de recordar, y pese a que no estábamos en el mejor de los estados, al día siguiente logramos reconstruir los hechos entre todos. Hechos que, durante muchos años recordaremos entre risas, pero que no contaré aquí

El siguiente día comenzó tarde, y como Alberto estaba intentando recuperar la compostura después de la noche anterior, sin tener narices a levantarse de la cama, con lo que entre los que fuimos capaces de levantarnos antes de la hora de la merienda, aprovechamos para, entre todos, redactar el siguiente mensaje en la operación ligue sms

Has visto ya a Sasha? Yo estoy aki, aburrida, pensando en ti. Respondeme, venga.

Pero, al estar el lector pasando la resaca, y el teléfono apagado, no tuvimos respuesta...

miércoles, 8 de octubre de 2008

Viajes (VI): Telefonos robados en San Petesburgo

Después de la noche anterior, tras mucho alcohol y poco sueño, llegamos a San Petesburgo o Санкт-Петербу́рг (para los amigos). Hasta ese momento el viaje había discurrido por lo que se puede considerar occidente. Rusia, por el contrario, is different. En cuanto pones el pie en tierra, te conviertes en analfabeto. El alfabeto cirílico queda muy bonito, cuando el nombre de tu hotel, o la calle en la que está, tienen 15 letras, de las cuales sólo entiendes tres, tienes un problema. Además, en nuestra infinita sapiencia, no teníamos ni idea de donde estaba el puerto (es decir, donde estábamos), o donde estaba el hotel (a donde íbamos), con lo que los primeros minutos tuvimos algún problema.

Pero el azar, la buena suerte y nuestra ingenuidad se pusieron de nuestra parte. Boris, simpático conductor de una furgoneta con visillos se ofreció a llevarnos a nuestro hotel. Cargamos las maletas, nos subimos en en la furgoneta, y entonces, me dio por pensar, y me acojoné. Mire a Pedro, y vi el miedo en sus ojos. Estábamos pensando lo mismo. Vale, si, eramos siete tíos, pero íbamos en una furgoneta, que nos llevaba donde quisiese el conductor, clarísimamente con sus 15 amigos que nos atracarían. Temíamos por nuestros bártulos (Pedro temía principalmente por sus cremas). Con el corazón en un puño, los huevos por corbata y temblando como flanes viajamos hasta el hotel. Y llegamos... sin problemas. (Esta anécdota, que en este momento parece un poco chorras tendrá sentido un poco más adelante).

Cuando llegamos al hotel, vimos los alrededores, y, después de una siesta larga intentamos dar una vuelta de noche. Mientras nos preparamos se me ocurrió una idea que luego dio mucho juego.

Para explicar esto tengo que retroceder unos meses. En sanfermines de ese año dormía en casa de una amiga, donde, además dormían un par de chicas: Norma y Sandra. Alberto dormía en casa de otro amigo, y nos juntamos en para salir de marcha. A Alberto le gustó Sandra, y quería practicar la teoría del bocatazo con ella, con lo que, mientras yo entretenía a Norma, Sandra demostró ser una maestra de las técnicas de la Cobra con Alberto. Como la cosa no iba a ningún lado, nos juntamos de nuevo ya después del encierro, y Norma se empeño en acompañar a Alberto donde dormía.

Yo dormía con Norma y con Sandra, Sandra no quería nada con Alberto, yo quería dormir, y Norma tenía las llaves. Lógicamente, lo que hicimos fue ir, los cuatro, a la otra punta de Pamplona a acompañar a Alberto, y luego, los tres volvimos, tranquilamente a dormir al piso de mi amiga.

A Norma le debió impresionar mi amigo, ya que, aunque apenas hablo con ella, se pego media mañana hablando de él conmigo (yo hablaba poco, porque a las 10 de la mañana y después de toda la noche de fiesta por ahí, yo quería dormir).

Después de eso, Norma se quedaba en Navarra y Alberto volvía a Zaragoza, con lo que no se esperaba demasiado de esa relación. Pero Norma no pensaba lo mismo. En las siguientes semanas, Norma mandaba mensajes, hacía llamadas perdidas y llamaba a Alberto todos los días. Alberto contestaba a algún mensaje, pero no tenía mucha ilusión, Norma en cambio si parecía muy interesada. Mientras estábamos en Suecia y en Estonia, los mensajes llegaban todos los días, y como Alberto nunca había despertado tanto interés en el género femenino, comentábamos el tema entre todos.

Volviendo a San Petesburgo y a mi gran idea. El plan era el siguiente: Mientras Alberto se duchaba, cogí su teléfono. Anoté el número de Norma en el mio, y a mi número le cambie el nombre. Ahora, si llamaba o mandaba un mensaje, parecería que lo había mandado Norma. Si él mandaba un mensaje a Norma me llegaría a mi y no a Norma. En definitiva, me convertí en una Norma por SMS. Desde ese momento, el objetivo del viaje era ir mandando mensajes, en los que parecía que Norma iba mostrando su interés creciente en Alberto, dejar que esté se ilusionase o asustase, y justo a la hora de aterrizar en Madrid, desenmascararnos y echarnos unas risas.

El plan era muy bueno, ya que como estábamos en Rusia, y las llamadas eran muy caras, no había riesgo de que Alberto llamase, no se involucraban a terceras personas, la autentica Norma nunca recibiría ningún mensaje extraño. El daño que se pudiese crear era muy pequeño. Para ella lo único que pasaría es que Alberto no contestaría ningún mensaje durante los diez días que estuviese en Rusia (y, en el peor de los casos siempre podríamos mandar un mensaje desde el teléfono de Alberto para que no pensase que se había olvidado de ella)

Así que, después de prepararnos e informar a todos los miembros de la expedición del plan nos dispusimos a salir del hotel. Como ya conté en el pasado, había un par de amigos metrosexuales, Martín y Pedro. Pedro se arreglaba mucho, pero no tardaba demasiado. A Martín había que esperarle siempre. Por suerte el hotel tenía bar, y en él vimos a un finlandés que iba más borracho que Massiel en una degustación de whisky Dyc. Como pudo nos advirtió: ¡Nunca vayáis solos por la calle! ¡No os fiéis de la policía! ¡que no se note que vais borrachos! ¡No cojáis nunca un taxi ilegal! Bueno, esto nos acojonó un poco, pero aun así decidimos ir a una discoteca cercana, donde no logramos pasar de la puerta. Cuando estábamos a punto de entrar, la portera, una señora de unos sesenta años gritó nyet, y sin darnos oportunidad a decir nada, y a demostrar que eramos turistas, nos cerró la puerta en las narices. Una gran primera noche.

Cansados y derrotados volvimos al hotel. Nuestro consuelo es que la noche anterior la habíamos liado en el ferry, y al día siguiente nos recogían para hacer un tour por la ciudad, con lo que dormir iba a ser una buena idea.

El tour por la ciudad fue el típico, que si ver el San Pete histórico, con sus monumentos, su rio, sus iglesias, su museo, sus tiendas de turistas y finalmente una comida típica en un restaurante típico (de turistas) en el centro de la ciudad. Mientras comíamos, alguien hizo algún comentario típico de que buena que está esa tía. Con la suerte de que esa tía era la guía de otro viaje de españoles, y hablaba español correctísimamente. Por suerte no dijimos ninguna burrada, con lo que hablando con ella nos recomendó un bar para la siguiente noche. "La corte de los caballos". Esa noche habíamos quedado con Sasha, un amigo ruso de Alberto, que nos llevaría a cenar y por ahí. La corte tendría que esperar.

Mientras comiamos, Alberto recibió su primer mensaje, decía algo así:

K tal x Rusia?. Spero k lo esteis psndo bien. Este fn de smna me voy a las fiestas de Estella, ya te contaré. Un beso.

Un mensaje muy normal. Escrito en consenso por todos los integrantes del viaje. El tono iría subiendo poco a poco.

Después de la comida, el grupo siesta se fue a dormir, mientras los machotes fueron a ver algo. Como soy del grupo siesta nunca supe que vieron. Lo único destacable es que se perdieron en el metro (las desventajas de no saber leer) y se fueron a un barrio chungo a las afueras de la ciudad.

La verdad es que se está alargando un poco esto. seguiré con la crónica la semana que viene.

jueves, 3 de julio de 2008

Viajes (IV): Las desventajas de los camuflajes

Como ya conté, en un vano intento por ligar algo, cuando nos fuimos de viaje a Rusia, decidimos ser miembros de la Federación Española de Aikido, que, en gira de exhibición, estábamos visitando los Países Bálticos y Rusia. Para disimular, siempre decíamos que el evento era tres días después de cuando nos preguntaban, con lo que siempre colaba que estuviésemos de juerga.

¿Por qué Aikido? Ya me contareis, en el grupo había gente de 110 kilos y gente de 50. Era complicado hacernos pasar por un equipo de atletismo, o de rugby... Teníamos que ser algo que se jugase por categorías. Teniendo en cuenta que no teníamos un conocimiento excesivo de ningún deporte de esas características, nos habíamos decidido por el Aikido, que suena a arte marcial, con lo que la gente no se atrevería a montar follón con nosotros, pero con la gran ventaja de que nadie sabe muy bien de que va. Como teoría era genial.

Pero la ley de Murphy es una fuerza muy importante en el universo. (más información más adelante)

El segundo ferry que tomamos era totalmente distinto al primero. El primero era un barco de recreo, de cruceros, mientras que el segundo era mas bien de transporte. Además, cogimos unos camarotes que costaban 30€ por persona, lo que incluyendo el viaje significaba que dormíamos 4 personas y sus equipajes en una habitación de 3,6 metros cuadrados (un cuadrado de 1,9x1,9, con cuatro literas en L) Parece mentira, pero cuanto espacio util se puede sacar de tan pocos metros cuadrados... se ve que lo importante son los metros cúbicos. En definitiva viajabamos en lo que se considera popularmente un piso patera, pero en versión acuatica.

Viendo esto decidimos que la mejor política que podíamos seguir era cogernos una curda como dios manda, porque a ninguno de nosotros le atraía la idea de dormir en tan poco espacio con 3 maromos.

Así que, como no podíamos estar en el camarote, y había que beber, subimos al bar, totalmente equipados como la selección española de Aikido.

Cigarro tras cigarro, y cerveza tras cerveza, veíamos a un showman tocando la guitarra y cantando. Y nosotros, probablemente en un estado lamentable, cantábamos con él. Al cabo de una hora, la mesa, que no había recogido nadie, tenia más vidrio que una fábrica de arcoroc, y más ceniza que el despacho de Fidel Castro. Y en ese momento, el cantante nos pregunta, en voz alta, para que todo el mundo se enterase.

-¿Quienes sois? ¿Que hacéis aquí? - preguntó
- Somos de la selección Española de Aikido, y vamos a San Petesburgo a hacer una demostración - lo teníamos ensayado y nos salia de un tirón.
- Y para ser deportistas - pregunto él - ¿no fumáis y bebéis demasiado?
- er.... si... - fue todo lo que conseguimos articular...

Con lo que desde ese momento medio barco pensaba que eramos deportistas... y había un pasajero, llamemose Alex, por ahí que practicaba algún otro arte marcial, pero que le gustaba el Aikido, y, emocionado por conocer a deportistas de élite de ese deporte, asediaba a preguntas, y quería demostrarnos sus conocimientos.

De hecho, mientras hablaba con Alberto, Alex miraba a Pedro, que es pequeñín, y le preguntaba medio en broma, al primero que pasaría si le metía un puñetazo al chiquitín. Alberto, aun no sé muy bien como le convenció de que era muy mala idea, y que Pedro era muy peligroso cuando se enfadaba. Digo que no sé muy bien como lo hizo, porque en ese mismo instante, Pedro hacía de reina de la pista, bailando "I Will Survive" mano a mano conmigo, y era muchas cosas, pero amenazador poco.

Según avanzó la noche acabé hablando con el jefe de los electricistas del barco, en la barra del bar, tan borracho él, que hasta yo, que no era el precisamente un ejemplo de rectitud y buenas costumbres, me dí cuenta. Así, en una conversación un tanto extraña, me informó que el barco ya tenia 35 años, y que después de ese viaje lo jubilaban. Y como dije que trabaja arreglando cosas me empezó a contar las averías que tenia el barco.... y eran muchas, algunas preocupantes incluso, con lo que me asuste.

Finalmente, a eso de las 4 de la mañana cerraron todo en el bar, y fuimos a dormir, como pudiésemos al camarote.

Y dormí perfectamente. Una cama comodisma... quizá el alcohol tuvo algo que ver, pero con las expectativas tan bajas que tenía puedo decir que dormí como un sultan.

A la mañana siguiente llegamos a San Petesburgo. Pero eso ya lo contaré en el futuro.

miércoles, 25 de junio de 2008

Viajes (III): Europe is living a celebration (under the sea)

La última vez que hablé del viaje, dejé a mis amigos, Torres, Carlos, Alberto, Martín, Julio, Pedro y a mi mismo saliendo de Estocolmo y a punto de montarnos en un ferry rumbo a Tallin (Estonia).

Nos habíamos decidido por un ferry debido a la leyenda esa que dice que al ser el alcohol tan caro en Suecia los suecos cruzan el mar báltico los fines de semana para irse de fiesta. Ya sé que el razonamiento tiene algún fallo, pero no lo veíamos en su momento. Así, que, en lugar de coger un avión, cogimos un ferry.

Nos montamos en el ferry y fuimos a nuestros camarotes, que eran ridículamente pequeños. Así que después de dejar las maletas, (que no cabían) nos cambiamos de ropa.

¿Por qué nos cambiamos? Fácil. Para ser originales, decidimos hacernos pasar por la selección española de Aikido, que estaba de gira de exhibición por los países bálticos. La explicación la proxima semana.

Las camisetas (que habíamos comprado de oferta), eran unas de la selección de fútbol, de la Eurocopa del 2004, las que usaban en los ratos libres, no las de jugar a fútbol, pero nosotros decíamos que era de Aikido., Después de todo, ¿quien se acuerda de que ropa lleva la selección de fútbol de España? Tal y como se demostró, nadie.

El viaje fue breve. O al menos se pasó rápido. Primero cenamos, en el buffet libre del ferry, buffet del que nos invitaron a irnos cuando Alberto atacó por cuarta vez el salmón marinado. Después salimos a aguas internacionales, con lo que se abrió la tienda, y todo el mundo fue a comprar licores. Después de eso, fiesta, hasta las mil. Y gracias a la escusa de la selección de aikido teníamos algo de lo que hablar… todo el mundo preguntaba que de donde veníamos y que hacíamos.

Lo que no contábamos es con que iba a ver unos españoles en ese mismo ferry. Españoles, que no eran los más listos de su clase, porqué, pese a ser claro que íbamos de coña, pese a que se leía Federación Española de Fútbol, pese a que decíamos que sólo hacíamos eso para ligar, aun nos preguntaban sobre las normas del Aikido. En fin… Según pasaban las horas más convencidos estaban de que eramos de la selección de Aikido... pensábamos que este convencimiento era producto del alcohol. Pero no, porque nos los encontramos al día siguiente y pese a que estábamos todos serenos ellos seguían con el royo del Aikido.

Finalmente, y después de cerrar la discoteca del barco, conseguimos cerrar un restaurante 24 horas que tenía el barco. Nos dio tiempo justo de llegar a los camarotes para coger la maleta y después de esperar a Julio, que tras dar la chapa a una estona durante 4 horas pilló cacho (o al menos eso creemos, porque el nunca contó nada) bajamos a Tallin.

Tallin es mundialmente conocida por... er.... bueno... por ser la capital de Estonia, y por ser la ciudad donde Rosa cantó en Eurovisión. Tiene un casco viejo muy bonito, un castillo, unas murallas, que, pese a ser la típica trampa para turistas, (es decir, hay tiendas de postales, tiendas de recuerdos, terrazas, restaurantes... y en definitiva todo lo que necesita un turista para ser feliz) es digno de ver.

Pero, lo más destacado de Estonia son las mujeres. Son todas guapas, muy guapas. De lo más guapo que he visto nunca. Pero no guapas en plan tia buena, no, eran guapas en plan abrazar... No sé como explicarlo... mejor juzgar vosotros (podeis juzgar porque de Tallin tengo más fotos de chicas que de la ciudad, ya que Pedro gasto un par de tarjetas de memoria en dejar prueba de lo guapas que eran todas)

Sobrevivimos como pudimos a la mañana, pero, a la hora de comer, decidimos que teníamos más sueño que hambre (tiene que ver con pasar la noche como selección de Aikido)

Así que después de una siesta de las que hacen época, cenamos,y aunque lo intentamos, como no estábamos para muchas juegas, después de tomarnos unas cuantas cervezas, nos fuimos a la cama. Lo único que pudimos descubrir de Tallin es que mucha gente se va ahi de turismo sexual, pues se veian cosas parecidas a las que cuentan de las discotecas de Cuba (al menos. en los dos discobares en los que estubimos lo vimos) Nosotros fuimos chicos buenos y nos fuimos a dormir.

Al dia siguiente, frescos como rosas, continuamos con la ciudad, saliendonos un poco de la parte turistica, y viendo como tras la parte turistica, se puede ver un pais que, pese a ser pobre, esta creciendo mucho (o lo hacia en el 2005) Si os fijais en la foto adjunta, se ve un edificio nuevo, nuevo y a su lado uno que se cae a cachos... Eso venia a ser la imagen de Tallin para los turistas en la zona de no turistas...

A media tarde, y con rumbo a San Petesburgo, volvimos a montarnos en un ferry.



Había vuelto la selección de Aikido.


viernes, 16 de mayo de 2008

Viajes (II): Suecia no es sólo Ikea, Volvo y Abba - Agosto 2005

Como ya conté la semana pasada, desde hace unos años hago el VIAJE en verano. Después del éxito de EE.UU. nos crecimos un poco, y cuando volvíamos comentamos, medio en coña (al menos así me lo pareció a mi) que para compensar el viaje a la capital del capitalismo al año siguiente íbamos a ir a Rusia.

Voy a contar algo de ese viaje, pero para que a nadie le siente mal los protagonistas van ver como su nombre cambia. De esta manera los que estuvimos presentes recordaremos lo que paso, pero nadie podrá enfadarse.

Pasó el tiempo, y para variar nadie hizo nada (ese es un problema intrínseco en mi grupo, nadie hace nada hasta que no se acerca la fecha de entrega). Pero a mediados de Mayo comenzamos en plantearnos seriamente la posibilidad. El grupo original, el que viajo a Las Vegas, sufrió una baja, pero los que quedábamos estábamos dispuestos a hacer algo decente.

Ahí estábamos la expedición: Torres, Carlos, Alberto, Martín y yo, con la idea inicial de ir a paises balticos, es decir, Estonia, Lituania y Letonia, pero resultó que habia vuelos baratos de Ryan Air a Suecia, así que el viaje paso a ser Repúblicas Balticas y Suecia. El problema es que Alberto conocía a uno que vivía en San Petesburgo, y le hizo ilusión ir a verlo. Para cuando me dí cuenta el viaje se había convertido en un viaje a Rusia con escalas en Tallin y Estocolmo.

Con el viaje medio planeado tuvimos un par de altas, Pedro y Julio.

De hecho, una de las altas a mi me jodía bastante, ya que Pedro, se apunto por su cuenta, y lo único que yo recordaba de él es que me pegaba en el colegio. Pero Pedro era amigo de Torres, y Torres lo defienda y decía que era muy majete. Así, que yo indignado decidí que viniese, pero que en cuanto fuese el gilipollas que yo pensaba que era, iba a tirarlo por la borda en el Ferry que íbamos a usar y todos tan amigos.

El viaje salia del aeropuerto de Barcelona. Bueno, del aeropuerto de Barcelona para Ryan Air, es decir, de Gerona, prontito por la mañana, y como Pedro tenia una casa en Gerona, pues dormíamos ahí.

El problema era que la casa de Pedro estaba en la provincia de Gerona, pero en el punto más alejado de la provincia. Y para más inri, Alberto había decidido que había que hacer un pequeño desvió de 30 kilómetros para cenar en Guissona. Así, que nuestro primer dia de viaje fueron unas 6 horas de viaje en coche, con una cena en un buffet libre en mitad de Cataluña. No prometía mucho, la verdad. En el pueblecito de Gerona algunos intentaron irse por ahí de marcha, y otros nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, frescos algunos, y otros no tanto, partimos hacia el Aeropuerto, y tras los follones que se organizan en Agosto a la hora de coger un avión, incluyendo a Torres, que decidió en el aeropuerto cambiar cosas de su maleta a su mochila, para no pagar sobrepeso. Lo que no contaba es que su maleta no se abría de forma discreta, y sobretodo no cerraba sin sentarse encima. Al final, acabó montando el show y pagando sobrepeso. Pero peor fue lo de Pedro, que siendo el más pequeño de los siete pagó, el solito el llevar practicamente el doble del peso permitido.

Estocolmo es una ciudad curiosa, y pese a que hicimos muchas cosas, y vimos mucha ciudad, lo principal que recuerdo es:

Fuimos a un hotel que si no había sido diseñado en Ikea, poco le faltaba. Diseño nórdico, y la clásica austeridad minimalista, pero con diseño. Con un desayuno variado y que abría pronto por la mañana, lo que, a una panda de marmotas de día como nosotros es agradable, ya que cuando llegas de marcha, puedes desayunar y luego meterte a la cama. Y lo más destacable del hotel era lo desconfiado que era, ya que en las tarjetas que se usaban para entrar en la habitación, ponía, traduciendo literalmente:

"Esta tarjeta es valida en una de las 532 habitaciones en el hotel Clarion de Estocolmo. De todas maneras, si eres un ladrón, ni siquiera pienses en visitarnos, porque tenemos una muy buena seguridad, tanto dentro como fuera del hotel. Nuestro personal de recepción tiene ojos como halcones. Si eres un huésped o huésped potencial y necesitas información llama al teléfono #####"

Y cuando lo les, no sabes si reírte o estar acojonado. ¿Y si te consideran un ladrón? ¿te pegan?

Hicimos turismo de día, viendo lo clásico y lo no tan clásico de Estocolmo. E hicimos un montón de fotos de todo lo que veíamos. El problema es que el fotógrafo estaba un poco salido, con lo que de los monumentos que salen en las guias de Estocolmo tenemos sólo 6 fotos. El resto son o de nosotros haciendo el bobo, o de cualquier tía buena que pasaban por la calle, y sí, hay que reconocer, claramente, que las suecas tienen fama por algo, con lo que hay más fotos de chicas que de otra cosa. (Reclamaciones a Pedro, el fotógrafo)

En cuanto a la noche, bueno de marcha fuimos un par de días (bueno, hay que destacar que sólo estuvimos un par de noches ahí). La primera noche, y tras una largo día, cerré los ojos en la discoteca en la que estábamos y pese a lo que discutí me terminaron por sacar del bar. Gente chunga los suecos... una cabezadita y ya no te quieren dentro. Aunque claro, esto pasó a las 6 de la mañana, con lo que tampoco fue muy grave. Y como ya he dicho, el desayuno del hotel empezaba pronto. Pero, como la noche no podía decirse que había terminado aun, aun pasó algo más.

Imagínate, que estas esperando a que tus amigos salgan del bar del que te acaban de echar por quedarte dormido, y estas, solo, cuando una señora de 50 años se acerca y te ofrece sexo de pago. Y como te has dejado un pastizal esa noche, y teniendo en cuenta que estas ciego como una rata, piensas que bueno, que si paga bastante bien, igual te lo piensas. Y luego la vuelves a mirar y dices que ni de coña. Pero va y resulta que la oferta era al revés, que encima le tienes que pagar tú. En ese momento salen tus amigos, y la señora, se pone a cacarear a voz en grito diciendo que eres un gallina... Menudo show.

Y la verdad es que poco más pasó en Estocolmo.

Cuando el último día salimos del hotel y nos dirigimos al ferry, que nos llevaría a Tallin, no sabíamos que era eso ni como nos iba a afectar lo que ocurriese ahi.

Pero eso, es otra historia...