sábado, 8 de noviembre de 2008

Huy lo que me ha dicho (7)

"- Un whisky con Red Bull
- ¿que marca de whisky?
- Como si le echas ron... Va con Red Bull, ¿tu crees que importa algo?"

Dialogo entre una camarera y yo a la una de la mañana de un viernes por la noche

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Sorpresas de la vida

Mi hora de comer es un poco aleatoria. No tengo ni horario fijo ni sitio fijo. No tengo compañeros de comida fijos, ni menú fijo. Cada día estás en un sitio, a veces que con más gente, a veces que tú solo. Suelo evitar las cafeterías de los hospitales por varios motivos, pero principalmente es debido a que el menú de estas cafeterías no es ni demasiado bueno ni demasiado sano, con el handicap añadido de que sueles encontrarte a gente que preferirías no encontrarte.

En general prefiero tomarme una hora, salir del hospital, a ser posible a algún sitio agradable y comer con algún compañero. Pero hay veces que no se puede.

Hay veces que la que me coordina (mi "jefa") me organiza el trabajo para que, haciendo un trabajo que dura cuatro horas, empiece a la una y termine a las cinco, olvidando que en esas horas es cuando hay que comer. Como cuando te enteras de la jugada ya es tarde, tienes dos opciones, o pasas de comer o puedes intentar ir a comer mientras el equipo que estás arreglando esta haciendo alguna calibración o ajuste, que lo único que requiere por tu parte es que mires la pantalla.

Hoy ha sido uno de esos días.

Refunfuñando por comer solo y en un hospital, cuando he llegado a la cafetería, el camarero me ha dicho que no había sitio, y que si no me importaba, me podría sentar con un señor que estaba comiendo solo. Como al señor no parecía importarle mucho, y yo tenía prisa, me he sentado con él.

La comida ha empezado de una forma muy normal. Hemos pedido, nos han traído las bebidas, de forma educada le he ofrecido agua pero él ha preferido tomar vino y casera. La cosa no iba a más, pero por entretenerme, me ha dado por leer la etiqueta de la Casera, y cuando la he dejado, mi compañero de mesa me ha contado que en el fondo es agua con azúcar.

Pues con esa excusa, la mar de tonta, la cosa ha ido evolucionando. Yo he contado que hacía en ese hospital, que me dedicaba a arreglar aparatos médicos, y él me ha contado un cacho de su vida. Podría parecer que Ramón (que así se llamaba) era el típico plasta, pero nada más lejos de la realidad. A la hora de contar un dramón, Ramón era un cuenta-historias hipnótico y extrañamente divertido.

Ramón es un jubilado, que tuvo cáncer hace ya unos años. Se trato del mismo, y ahora está bien, pero resulta que su mujer acababa de ser operada de un tumor de mama. Ramón estaba preocupado y tranquilo a la vez. Sabe que el cáncer se cura. Y no lo sabe porque se lo hayan contado, lo sabe porque lo pasó en sus propias carnes y que, aunque se sufre mucho, se puede continuar. También me ha contado que pensado a posteriori, el cáncer no sólo no fue malo, sino que cree que su vida mejoro. Que entendió sus prioridades vitales y que en el fondo es mejor persona.

Luego ha hablado de su mujer, de su cáncer, y de que todo va a estar bien... Nos hemos tomado el café, y nos hemos despedido.

Así, sin más. Sin conocernos de nada. Sólo por preguntarme en voz alta de que estará hecha "La Casera".

Hay gente que necesita hablar. Y si las cuentan bien, a mi me gusta escuchar estas cosas.

Así que Ramón... mucha suerte.

Los Amos del Mundo

El 15 de noviembre de 1998, el Semanal publico la siguiente columna de Aruro Pérez Reverte.

Hoy, 10 años después, te demuestra que el hombre puede caer dos, y mil veces en la misma piedra...

"LOS AMOS DEL MUNDO

Arturo Pérez-Reverte


Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management , y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.

Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza."

martes, 4 de noviembre de 2008

Humor gráfico (2)

Probablemente no hay dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida.

Mensaje de la Asociación Humanista del Reino Unido

Huy lo que me ha dicho (6)

"-¿Habéis visto mi sombrero?
- ¿era como ese?
- No, tan hortera no"


Yo mismo, mientras me refería al sombrero de una paciente, que estaba a 4 metros de mi, y que por supuesto ha oído todo.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Si este blog tuviese publicidad...

Desde hace unos días, este blog parece patrocinado por empresas farmacéuticas. De hecho, si tuviese publicidad de Google sería una una cosa más o menos así:


Recrearse en la desgracia propia tiene una ventaja principal, las visitas aumentan. No sé muy bien porqué, pero si alguien está en el pozo las visitas suben. Sois unos morbosos que os gusta ver que le pasa a este tío hoy.

Pero como mostrar las miserias de uno no conduce a nada más (bueno si que conduce a otras cosas pero no son nada recomendables), y como no vivo de este blog, con lo que me da igual el número de visitas que tenga, que sepáis que volvemos a lo de siempre.

Saludos a todos.... (y por si a alguien le interesa estoy mejor)